
Durante el recorrido hacia mi trabajo, observo alegres grupos de jovencitos, todos vestidos con uniformes de cocina, fumándose unos puchos relajados, se me ocurrió preguntarle a uno de ellos para que estudiaba, a lo que él me contestó; “pa ser chef pe”, desolado por tan horrenda respuesta, caí en la conclusión, que las escuelas de cocina se habían convertido en una suerte de sucursal del circo de los hermanos Fuentes Gasca, francamente me conmovió ver a aquel niño desubicado con aires de Gastón Acurio.
Ahora la cocina es una cuestión de “moda” para una gran parte de los escolares que salen del colegio, me imagino que debe importarles poco ó nada que para cocinar hay que tener talento y no es cuestión de “estudiar” simplemente la carrerita de moda para que mami diga “ayyy yo le abro su restaurante a mi bebé”, convencido este que se perfila para ser “cheff” o un gran vendedor de menú.
Amante dedicado de la cocina, loco mezclador de sabores , tendencias, olores y colores, me siento en la obligación de defender a nosotros los cocineros, de las aberraciones de los nuevos “Chefs”, a nosotros que tenemos por inspiración la sagrada cocina de la abuela, que es una de las bases más sólidas que tengo, los huariques del abuelo , que con gran cariño enseño a mis amigos y gente que quiero, aquí no hay “chefs” que no entienden de la contundencia y respeto que impone un pan con chicharrón, o recordar mi trabajo de cocinero a los 17 años, cuando el pucho era obligatorio y sólo después de una ardua labor, y no para hablar del examen de costos o del tonito en Gótica o en el Kapital según sea el estrato.
Mi definición de cocinero es otra, es recordar sabores básicos, algún secreto de la maminna, cocinar y esperar ver en las caras no solo un gesto de beneplácito, si no también entender la deliciosa química que implica cocinar y recoger sonrisas de gratitud, ser cocinero es saber expresar el amor por los elementos e ingredientes, recorrer el mercado y llenarme de sus olores, ¿tomar capuccino con mi uniforme de estudiante de cocina? Creo que eso es para teatreros a quienes la fortuna de no tener un cerebro brillante sólo los condujo de manera errada a pensar que la cocina era una carrera fácil, y ser “Cheff” aún más.
Mi intención SI es, hacerle ver a mucha gente, que el título no es nada por lo menos para mi y la gran logia de cocineros amigos míos, estoy más que harto y chifladamente convencido que la cocina es para cocineros valga la redundancia, que aquí por lo menos en el Perú necesitamos cocineros de verdad, no payasos de alegres croks y coloridas gorras de cocina, que no tienen la más mínima idea que existe el Bar Cordano, y mucho menos saben lo que es una sábana.( bistek apanado).
A mis queridos y regordetes estudiantes de cocina, les pediría que analicen un poco su carrera, que no se asusten cuando vean mi fea cara fruncir el ceño por un cebiche mal hecho, estudien contabilidad o alguna cosa que los pueda hacer coincidir con sus i-phones y croks de colores, la cocina en el Perú es cosa seria y por lo tanto hay que respetarla.
A aquellos que la estudian con pasión, que defienden el pisco y la papa como a su propia sangre, a los que si investigan y se casan con ella, por los que ya no podemos disfrutar de la cocina de los que se fueron, y nos dejaron tanto, esa es la gente que de verdad, debe llevar las riendas de esto que es nuestra cocina, y no una pasarela hueca y perversa.
Carlos Miranda (el chato) ganó junto con su tia Angela hace algunas semanas el primer lugar en un concurso de cocina celebrado en Cañete, festival del Camarón, y el enano junto a la tía Angelina se trajeron el primer lugar y puedo dar fé que el plato fue espectacular por que estuve días antes durante la prueba.
En fin estoy cansado de renegar, cocinen , coman y sean felices .



